mardi 15 décembre 2015

The hawk (tribute to Enki Bilal in spanish)



Hector Compra ya no sabía dónde vivir.

Desde su transformación en halcón, le costaba mucho moverse .

Sus patas pegadas al asfalto gelatinoso de las calles no le permitían levantar el vuelo. Sus plumas teñidas de negro le daba este toque salvaje que tienen los monstruos de la tierra cuando han sufrido todas las manipulaciones genéticas posibles y imaginables.

No te imaginas Hector que puedas morir de esta manera. No te imaginas que podías acabar tus días en el seno del gran desastre.

Yo, el ultimo saola, el que dice estas palabras sin hipocresía ni ninguna ironía fácil, asomado en la ventana de esta fabrica desactivada de la zona 707, en los últimos territorios, penetrado por un aburrimiento inconmensurable y tan profundo como la vagina de una indígena, destaco una infinidad de detalles que hacen la realidad más temible y más densa, y más agudos los sonidos que alcanzan el corazón de mi organismo. 

No he bebido el agua envenenada de los últimos aguaceros magnéticos, ni lamido los restos de pizarra que cortaron tantas veces la extremidad de mi lengua, no me excito siquiera con el sabor de mi propia sangre en mi boca. 

No he tomado ninguna substancia de índole ilícito pero puedo notar que, en el fondo de una jornada banal como un sol apagado, las conexiones motrices de mi disco duro interno me permiten aumentar la capacidad de mi caja craneana, pese a las leyes más misteriosas de la existencia que nos limitan a una sola vida. Tampoco debo presumir de tener algunos 7 miliares 756 gigabytes debajo de cada dedo de mis manos.

No puedo negar todas las ventajas que mi sexo ha tomado sobre el resto de mi cuerpo, levantándose al paso de una amazona que he visto correr detrás de las ruinas humeantes de la zona 707 y que hubiera podido comer si mi mandíbula cansada me hubiera permitido este lujo.

Una vez pasado este tipo de distracción tan frecuente en territorio irradiado, puedo apuntar en mi pantalla táctil los gestos de Hector Compra, de la visión de este pobre rapaz derrotado que está luchando en el barro.

Comprimiré esta imagen para colgarla en algún sitio de mi memoria inmediata, entre mi chakra mental y mi plexo solar. Donde nadie la encuentre.

La comprimiré hasta que acabe hablando por si sola, radiosa como un mosquito en un desierto sin fin.

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